miércoles, octubre 25, 2006

Historias Absurdas. Vol I

La historia es la siguiente:

Hay un tio con una caja sobre la cabeza. El muy estúpido no se ha molestado en hacerse unos agujeros para los ojos ni nada.
Va tropezando con todo lo que encuentra a su paso: semaforos, farolas, buzones de correos, paredes... A su favor hay que decir que es valiente, no se para ante nada.

Aunque a mi simplemente me parece patético, a la gente le hace gracia. Rien Y le señalan. Yo le miro de lejos, inmutable. Pero se me ocurren muchas cosas que podría hacer y ninguna de ellas consiste en reir y señalar.

1) Podría quitarle la caja de la cabeza y cruzarle la cara.
2) Podría cogerle de la cintura y obligarle a chocar una y otra vez contra el mismo obstáculo.
3) Podría empujarle hasta hacerle caer al suelo, y luego allí patearle a placer.


Tengo más opciones pero todas son bastante parecidas, es obvio que este tio despierta en mi instintos violentos.

El tio intenta cruzar la carretera. La gente rie como si eso fuera el número central del circo.
El primer coche le esquiva, el segundo también.
Más risas, aplausos, alguien grita: "Olé"
El cuarto coche le esquiva.
El quinto coche le espachurra contra el suelo y la caja se ve ahora como si hubiera reventado con mil botes de kepchup dentro.

Ya no rie nadie, solo yo. Y me alejo ante las miradas reprochadoras de la multitud

lunes, octubre 16, 2006

GUIA DE DEPORTES DE AVENTURAS URBANOS. CAPITULO 1: EL METRO EN HORA PUNTA

Japoneses practicando el metro en hora punta. Este deporte se ha hecho muy popular en esta país asiático que está condiderado como uno de los paises pioneros del mismo.


La ciudad es un buen sitio para practicar deporte a diario, integrado en numerosas ocasiones en actividades cotidianas, que nos ayudan a mantener sanos cuerpo y mente, sin apenas invertir tiempo o dinero.

Pero la ciudad es, sobretodo, una maravillosa pista de deportes de aventura donde el riesgo y la salud se unen para provocar inauditos chutes de adrenalina que nos ayudan a mantener activos nuestros músculos, ponen a prueba nuestra resistencia física y hacen trabajar nuestra mente.

Uno habitual, sencillo, barato y recomendable para todas las edades, es coger el metro en hora punta. Se puede practicar hasta tres veces al día: a primera hora (entre las ocho y las nueve), antes o después de la comida (sobre las dos, se recomienda comer posteriormente para evitar vómitos u otros efectos no deseados) y a justo después de la jornada laboral, perfecto para tonificar todo el cuerpo antes de volver al hogar (entre las siete y las ocho).

Este ejercicio trabaja las siguiente áreas:

-Resistencia corporal ante el frotamiento constante a otros cuerpos. Capacidad mental de asumir la invasión del espacio vital.
-Prueba de capacidad pulmonar o ¿cuánto tardo en marearme entre hedores humanos?
-Salto de obstáculos o alcanza la puerta en la parada que deseas y no dos más tarde.
-Prueba de presión y capacidad de empuje y fuerza, o cómo caber más en menos sitio.
-Equilibrios. Esto solo se trabaja si se adquiere material delicado como un pastel, una lámpara del ikea, intentar transladar la mesita de noche que has encontrado en el contenedor de la esquina, u otros objetos de mobiliario urbano.
-Marcha. Este ejercicio se incrementa en caso de transbordos.

Demostración de la técnica del empuje por dos profesionales norcoreanos

Consejos para practicar este deporte en óptimas condiciones:

-Procure llevar ropa holgada y transpirable.
-No use perfume, a ser posible absténgase del agua de colonio u de otras sustancias que puedan caldear más el ambiente.
-No intente beber o comer mientras realiza este ejercicio.
-Puede proveerse de una huevera o, en caso de las mujeres, de un corsé rígido para progeterse de posibles golpes o codazos provocados inintecionadamente por otros usuarios de la línea.
-Practique solo en líneas que tienden a averiarse cuando ya sea un experto en lineas y recorridos normalizados.

Esperemos que disfrute de una práctica responsable del deporte. Recuerde que puede practicarse tanto individualmente como en grupo. En el próximo capítulo les descubriremos otro apasionante... ¡deporte de aventura urbano¡

miércoles, octubre 11, 2006

Mis Cosas Favoritas

Mis cosas favoritas no se pueden comprar en tiendas, no se encuentran en los supermercados ni se anuncian por televisión.
Mis cosas favoritas son cosas sencillas, y sin embargo, tan difíciles de encontrar.
No cuestan dinero, no ocupan espacio, no tiene que ver con la noche ni con el día, no importa si son nuevas, o viejas, recicladas, sucias... Mis cosas favoritas no son contabilizables, no se abrazan ni las puedes fotografíar.
No son especialmente bellas, no son suaves ni huelen a jazmín. Pero son las mías.

Pero a veces suenan a música, a veces saben a vino, a veces aparecen en el lugar más inesperado, sin previo aviso. A veces se esconden debajo de la cama o al final de un armario vacio. No se agotan, siempre hay alguna esperando ser encontrada. No se arruinan con la lluvia, ni se secan bajo el sol. Y a la vez, son frágiles, siempre a punto de quebrarse, delicadas, nunca duran demasiado. Y como las amapolas cuando las cortas, de pronto te das cuenta de que ya no están, solo te queda un residuo agrio, una sensación que te obliga a vomitar.

Mis cosas favoritas no son las mejores, ni las más dulces, no son duraderas ni fiables. Pero son las mias.

martes, octubre 10, 2006

Cuando creo que ya ha pasado todo, vuelve. Es como una ola que se resiste a abandonar la playa, y poco a poco, la va desgastando, restando arena, chupándole el tuétano de los huesos. Y mientras veo la ola inundar la orilla, para luego retirarse con discrección, sin demasiado dolor; me pregunto cuánta arena más quedará para soportar el arrastre de las olas venideras.

lunes, octubre 09, 2006

MIEDO A VOLAR


Son increibles las caras de pánico que llegas a ver a veces en un avión. Esa gente: la gente que se aprieta nerviosa las manos, los que cierran los ojos en el despegue, los que rezan el padrenuestro, los que se remueven en su asiento; esa gente, son los mismos que van en verano a Port Aventura, dos veces. Una de las cosas que más me sorprende de los aviones es que nadie protesta a la hora de abrocharse el cinturón de seguridad, cuesta creer que luego a la DGT le cueste tantas campañas publicitarias, todo esos millones en multas... Quizás deberían poner una azafata en cada semáforo. Y lo más sorprendente es que el cinturón en el coche sirve de algo, pero... ¿en el avión? ¿Es que acaso va a haber atasco en el cielo y el jumbo tendrá que frenar de golpe? ¿Va a impedir que salgamos despedidos por la cabina del piloto? El cinturón de seguridad es una completa inutilidad en los aviones, un engañabobos, un quitamiedos para tontos. Y sin embargo... ¡todo el mundo lo usa¡

Me he encontrado con varios "compañeros" de vuelo con miedo a volar. Una vez una señora me preguntó: "¿Es normal ese ruido que hace el motor?" A lo que yo contesté: "Señora, yo que usted me comenzaría a preocupar cuando deje de oirlo". La gente en los aviones pierde el raciocinio... No hay más que ver las muecas que hacen algunos para impedir que se les taponen los oídos. Por no hablar de aquellos, generalmente los más miedosos de todos, que a la primera turbulencia comienzan a gritar: "Vamos a morir todos". Lo que más tierno me parece son esos jubilados que aplauden cuando el avión toca tierra, solo les falta hacer la ola al piloto. Luego siempre está el listo que hace correr el rumor por la puerta de embarque de que el vuelo lleva una bomba, o que va a secuestrar el avión. Como todos sabemos de la magnífica inteligencia de las fuerzas de seguridad de este país, y muchos otros, más de un bromista de este tipo ha tenido que ir a declarar en lugar de coger el avión...Y más en los últimos tiempos, que todos somos víctimas de esa psicosis colectiva.

También abunda otro tipo de pasajero: el ligón de aeropuertos. ¿quién no se ha sentado alguna vez al lado de un viejo verde con pasta empeñado en regalarte medio duty free? En los vuelos cortos son fáciles de evitar, pero en los largos... entonces si que yo también rezo el padrenuestro y me entra de pronto miedo a volar.

martes, octubre 03, 2006


Al volver a casa a medio día me encuentro una escena subrealista que me impide mi entrada al portal. Los obreros que llevan asfaltando la calle un mes se están dando de ostias. La verdad es que se dan de ostias sin ganas, como si tuvieran la obligación de hacerlo; vociferan, si; y levantan compulsivamente sus brazos con gestos amenazantes, si... Pero ahí no hay sangre, y estoy segura de que no va a haberla. Mientras ellos se pelean, la obra paralizada y un tio que remueve el cemento con una actitud parsimoniosa. No entiendo lo que dicen, porque son marroquís, pero se están llamando de todo.

Me hago paso entre ellos a ostias yo también, con la barra de pan. Yo golpeo con ganas, no como ellos, aunque tenga que comer los huevos fritos con pan rallado. Consigo alcazar el portal y una vez allí me entretengo buscando la llave. Entro en el portal de espaldas, arreando con lo que queda de la barra de pan, rota por tres sitios distintos.

El pan estaba bueno, cuando he vuelto a bajar,apenas una hora más tarde, no quedaba ningún obrero.