Siempre sucede así. Yo me acuesto y me refugio en un lado de la cama, a punto de caer al suelo, echa un ovillo conmigo misma. A mi alrededor, creo un fuerte de edredón y sábanas, me apropio de la almohada, o muy al contrario se la lanzo a la cara, que no tenga nada que reclamarme.
Finjo dormir, aunque cualquiera que me conozca sabe, que no puedo dormir si estoy enfadada con alguien; y mucho menos si ese alguien se encuentra a menos de un metro de mi, y puedo sentir su respiración; analizando su ritmo, siento que también está despierto y creo que toda mi cama, el dormitorio completo es una burbuja llena de tensión, a punto de hacerse pedazos.
Es algo sutil, casi imperceptible, pero en pocos minutos el fuerte se va deshaciendo y deja paso a una fluidez de telas que acarician más que envolver, que son flexibles, que ya, no protegen de nada. Luego comienza el acercamiento, igualmente lento, sigiloso el pie se estira y comienza a recorrer palmo a palmo, todo el colchón, salvando el espacio que me separa de él. En algún punto, en algún momento, mi pie choca con el suyo. Aquí ni las concidencias ni las casualidades tienen espacio, pero por el bien de ambos finjamos que es así. El choque parece dejarnos en estado de shock, así inmoviles, su pie y el mio, al acecho del movimiento del contrario.
Después, sus dedos del pie, se entrelazan con los mios, y sin mediar palabra siguen los tobillos, y la pierna y poco a poco, todo mi cuerpo se desplaza en su dirección. Es una rendición en toda regla, un "vamos a olvidarlo", un " a pesar de todo...", intento no sentirme vencida, intento pensar que ambos hemos ganado y hemos perdido, y entonces, subitamente, su pecho frena el avance de mi espalda.
Me giro y en silencio, pido un perdón que no siento. Y en silencio, con un beso, con una caricia soy perdonada. Y yo le perdono también, sin sentimiento, con otro beso. Es entonces cuando me invade la ira repentina y las ganas de cruzarle la cara. Por eso mientras él se afana en bajarme las bragas hasta los rodillas, yo le agarro la polla, así, sin ninguna consideración, y aprieto fuerte, muy fuerte, mientras imagino que es su cuello y un susurro en mi oído me dice "Tranquila, no seas ansiosa".
Finjo dormir, aunque cualquiera que me conozca sabe, que no puedo dormir si estoy enfadada con alguien; y mucho menos si ese alguien se encuentra a menos de un metro de mi, y puedo sentir su respiración; analizando su ritmo, siento que también está despierto y creo que toda mi cama, el dormitorio completo es una burbuja llena de tensión, a punto de hacerse pedazos.
Es algo sutil, casi imperceptible, pero en pocos minutos el fuerte se va deshaciendo y deja paso a una fluidez de telas que acarician más que envolver, que son flexibles, que ya, no protegen de nada. Luego comienza el acercamiento, igualmente lento, sigiloso el pie se estira y comienza a recorrer palmo a palmo, todo el colchón, salvando el espacio que me separa de él. En algún punto, en algún momento, mi pie choca con el suyo. Aquí ni las concidencias ni las casualidades tienen espacio, pero por el bien de ambos finjamos que es así. El choque parece dejarnos en estado de shock, así inmoviles, su pie y el mio, al acecho del movimiento del contrario.
Después, sus dedos del pie, se entrelazan con los mios, y sin mediar palabra siguen los tobillos, y la pierna y poco a poco, todo mi cuerpo se desplaza en su dirección. Es una rendición en toda regla, un "vamos a olvidarlo", un " a pesar de todo...", intento no sentirme vencida, intento pensar que ambos hemos ganado y hemos perdido, y entonces, subitamente, su pecho frena el avance de mi espalda.
Me giro y en silencio, pido un perdón que no siento. Y en silencio, con un beso, con una caricia soy perdonada. Y yo le perdono también, sin sentimiento, con otro beso. Es entonces cuando me invade la ira repentina y las ganas de cruzarle la cara. Por eso mientras él se afana en bajarme las bragas hasta los rodillas, yo le agarro la polla, así, sin ninguna consideración, y aprieto fuerte, muy fuerte, mientras imagino que es su cuello y un susurro en mi oído me dice "Tranquila, no seas ansiosa".
1 comentario:
Me ha encantado... pero ufff, que dolor :)
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