Son de esa gente. De esa gente que compra el Neo2 cada mes y hasta lo lee. De los que se pasean en el metro con libros de diseño del siglo XX debajo del brazo, y sonrien, y llevan camisetas con extraños trípticos dibujados y acuden a la filmoteca y pronuncian el nombre de las películas en inglés (aunque sean holandesas), y cada domingo pasean del brazo de su novia/o por los museos de arte contemporáneo. En sus carteras encuentras tarjetas de Amigos del Teatro Experimental y un bono para una clase gratuita de yoga tántrico. Todos son de esos.
Me llaman por teléfono, sin tener mucho que contarme: que si se han comprado una lámpara de oferta en el ikea, y una mesita en Vinçon; que si el ciclo de documental sobre "Naturaleza, pobreza y envejecimiento de la población somalí transladada fuera de sus fronteras" fue un éxito; que si han sacado unas fotos en blanco y negro, a las que han añadido un tono sepia especiado con el fotochof, dignas de figurar en las paredes de una de esas cafeterías de bagaje artístico-literario que frecuentan; que si han ido a la inaguración de tal exposición con unas invitaciones que les consiguió tal amigo...
Eso me interesa. "Yo también quiero ver esa exposición"- les digo- "¿Qué os pareció?". Y entonces contestan con una de esas coletillas típico-tópicas del tipo: "Me encantó el uso de la luz". "El uso de la luz... ¿eh?, y ¿por qué? ¿cómo usa la luz?". Oigo un chasquido de lengua al otro lado de la línea y un giro brusco en la conversación... del tipo: "No consigo quedarme embarazada, ¿sabes? Creo que no hacemos el amor en la hora justa en que mis ovulos están preparados para ser penetrados". Y me veo arrastrada por esas confesiones intimas. Lo cierto es que hoy en día se ha perdido el sentido de intimidad. Ellos quieren ser liberales, abiertos, tolerantes.. no quieren que parezca que tienen ninguna clase de tabú sobre nada.
Así son ellos, una bonita pared pintada con un tono cobrizo burdeos y toques nacarados... pero en cuanto rascas un poco con la uña solo hay un papel de pared kicht y sucio de los setenta... y si rascas un poco más, debajo, ni siquiera hay un ladrillo romano... solo es hormigón o yeso, algo plano, simple, sin aditivos, sin conservantes.
Me llaman por teléfono, sin tener mucho que contarme: que si se han comprado una lámpara de oferta en el ikea, y una mesita en Vinçon; que si el ciclo de documental sobre "Naturaleza, pobreza y envejecimiento de la población somalí transladada fuera de sus fronteras" fue un éxito; que si han sacado unas fotos en blanco y negro, a las que han añadido un tono sepia especiado con el fotochof, dignas de figurar en las paredes de una de esas cafeterías de bagaje artístico-literario que frecuentan; que si han ido a la inaguración de tal exposición con unas invitaciones que les consiguió tal amigo...
Eso me interesa. "Yo también quiero ver esa exposición"- les digo- "¿Qué os pareció?". Y entonces contestan con una de esas coletillas típico-tópicas del tipo: "Me encantó el uso de la luz". "El uso de la luz... ¿eh?, y ¿por qué? ¿cómo usa la luz?". Oigo un chasquido de lengua al otro lado de la línea y un giro brusco en la conversación... del tipo: "No consigo quedarme embarazada, ¿sabes? Creo que no hacemos el amor en la hora justa en que mis ovulos están preparados para ser penetrados". Y me veo arrastrada por esas confesiones intimas. Lo cierto es que hoy en día se ha perdido el sentido de intimidad. Ellos quieren ser liberales, abiertos, tolerantes.. no quieren que parezca que tienen ninguna clase de tabú sobre nada.
Así son ellos, una bonita pared pintada con un tono cobrizo burdeos y toques nacarados... pero en cuanto rascas un poco con la uña solo hay un papel de pared kicht y sucio de los setenta... y si rascas un poco más, debajo, ni siquiera hay un ladrillo romano... solo es hormigón o yeso, algo plano, simple, sin aditivos, sin conservantes.