martes, octubre 03, 2006


Al volver a casa a medio día me encuentro una escena subrealista que me impide mi entrada al portal. Los obreros que llevan asfaltando la calle un mes se están dando de ostias. La verdad es que se dan de ostias sin ganas, como si tuvieran la obligación de hacerlo; vociferan, si; y levantan compulsivamente sus brazos con gestos amenazantes, si... Pero ahí no hay sangre, y estoy segura de que no va a haberla. Mientras ellos se pelean, la obra paralizada y un tio que remueve el cemento con una actitud parsimoniosa. No entiendo lo que dicen, porque son marroquís, pero se están llamando de todo.

Me hago paso entre ellos a ostias yo también, con la barra de pan. Yo golpeo con ganas, no como ellos, aunque tenga que comer los huevos fritos con pan rallado. Consigo alcazar el portal y una vez allí me entretengo buscando la llave. Entro en el portal de espaldas, arreando con lo que queda de la barra de pan, rota por tres sitios distintos.

El pan estaba bueno, cuando he vuelto a bajar,apenas una hora más tarde, no quedaba ningún obrero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

eres más buena que el pan ;)